¿Cómo reaccionar cuando alguien regaña a nuestros hijos?

Cuando alguien regaña a nuestros hijos, nuestra reacción suele llegar antes que el pensamiento. Las madres desarrollamos un instinto protector muy poderoso y, en cuestión de segundos, sentimos la necesidad de intervenir y defenderlos.

En cuestión de segundos pueden cruzar por nuestra mente cosas como:

“¿Quién es para hablarle así a mi hijo?”

“Su hijo también hace de las suyas y yo nunca le digo nada.”

“No volveré a dejar que mi hijo juegue con el suyo.”

Esa reacción es comprensible. Nuestros hijos son una parte enorme de nuestra vida y lo que les afecta a ellos, aunque para otros parezca insignificante, para nosotras puede sentirse como algo muy grande.

Pero antes de actuar desde ese primer impulso, vale la pena detenernos un momento y observar qué ocurrió realmente. No es lo mismo que alguien corrija a nuestro hijo con respeto que permitir que lo humille, le grite o lo trate de una manera inapropiada.

Nuestro primer impulso es defenderlos

Proteger a nuestros hijos es necesario. Somos quienes debemos velar por su seguridad, defender sus derechos y evitar que otros adultos los maltraten.

Madre conversando con su hija después de una situación difícil

Pero protegerlos no significa justificar todas sus conductas ni enfrentarnos inmediatamente con cualquier persona que intente ponerles un límite.

A veces los niños están jugando, discuten por un juguete, se empujan o tienen algún desacuerdo completamente normal para su edad. El problema comienza cuando los adultos convertimos ese conflicto infantil en una pelea entre familias.

Los niños discuten hoy y mañana vuelven a jugar como si nada hubiera pasado. En cambio, somos los adultos quienes podemos prolongar el conflicto, acumular resentimientos e incluso romper una amistad por una situación que ellos ya olvidaron.

Ese es precisamente el momento para acompañarlos y enseñarles a resolver sus diferencias, no para discutir entre nosotros.

Antes de reaccionar, averigua qué pasó

Cuando alguien llama la atención a nuestros hijos, es importante no dejarnos llevar únicamente por ese primer impulso.

Antes de hacer o decir cualquier cosa, pregúntate:

  • ¿Qué hizo mi hijo?
  • ¿Estaba lastimando o molestando a otro niño?
  • ¿Ignoró una regla que ya conocía?
  • ¿La persona le habló con respeto?
  • ¿Fue una corrección o una humillación?
  • ¿Mi hijo estaba bajo el cuidado de ese adulto?

Si no presenciaste lo que ocurrió, escucha la versión de tu hijo, pero también trata de entender el contexto completo.

Escucharlo no significa asumir automáticamente que tiene toda la razón. Los niños pueden interpretar una corrección como algo injusto, especialmente cuando están molestos o sienten vergüenza.

Conocer a nuestros hijos también implica reconocer sus retos y aceptar que, como cualquier persona, pueden equivocarse.

¿Quién fue la persona que lo regañó?

No es lo mismo que un desconocido le grite a tu hijo en un lugar público que un abuelo, un tío, una maestra o una persona de confianza le establezca un límite mientras está a su cuidado.

Si dejamos a nuestros hijos con los abuelos, con un familiar o con una amistad cercana, no podemos esperar que el adulto responsable permanezca en silencio si el niño presenta una conducta inapropiada.

Esa persona necesita tener cierta autoridad para establecer reglas básicas, especialmente cuando se trata de seguridad, respeto y convivencia.

Esto no significa que pueda disciplinarlo de cualquier manera. Las expectativas deben estar claras desde el principio: qué límites puede establecer, qué medidas no aceptamos y cómo esperamos que se dirija a nuestro hijo.

También importa la relación que existe entre el niño y esa persona. Un abuelo o un tío cercano puede intervenir de una manera distinta a alguien que apenas lo conoce.

Corregir no es gritar, humillar ni maltratar

Hay adultos que no saben cómo llamarles la atención a los niños de manera respetuosa. Algunos gritan, insultan, amenazan, ridiculizan o hacen comentarios que pueden afectar su autoestima.

Cualquier tipo de violencia física o verbal es inaceptable.

Madre llamando la atención a su hija por usar el teléfono en la mesa

Una corrección adecuada se enfoca en la conducta:

“Eso que hiciste no está permitido aquí.”

Una humillación ataca directamente al niño:

“Eres insoportable.”

La diferencia importa, y mucho. Los niños necesitan límites, pero también necesitan que su dignidad sea respetada en todo momento.

La disciplina positiva busca enseñar y establecer límites sin recurrir a la humillación ni a la violencia.

Si alguien corrige a tu hijo con calma porque está evitando que lastime a otra persona, rompa algo o se ponga en peligro, no necesariamente está actuando mal. Pero si lo insulta, lo amenaza, lo golpea o lo avergüenza delante de otros, debemos intervenir.

Cómo actuar cuando alguien regaña a nuestros hijos

Si consideras que alguien llamó la atención a tu hijo de una manera inapropiada, evita comenzar una discusión delante de él.

Primero asegúrate de que tu hijo esté bien. Después, si la situación lo permite, habla con ese adulto en privado.

Puedes decirle con firmeza y respeto:

“Entiendo que necesitabas corregirlo, pero no estoy de acuerdo con la manera en que le hablaste.”

También puedes explicar cómo esperas que se manejen situaciones similares en el futuro.

Defender a nuestros hijos no requiere gritar ni perder el control. Ellos también aprenden observándonos. Si respondemos a un grito con otro grito, el mensaje que reciben es que la agresividad es una manera válida de resolver los problemas.

Cuando alguien regaña a nuestros hijos

Por supuesto, si existe una amenaza inmediata para la seguridad física o emocional del niño, debemos intervenir en ese mismo momento y retirarlo de la situación.

Lo que muchas veces olvidamos: hablar con nuestro hijo después

Una parte que a veces pasamos por alto es la conversación que debemos tener con nuestro hijo cuando la situación ya se calmó.

Ese momento es clave.

No se trata de interrogarlo ni de revivir el conflicto, sino de ayudarlo a entender lo que sintió y lo que ocurrió. Puedes preguntarle cómo se sintió, qué cree que pasó y qué podría hacer si vive algo parecido otra vez.

Si el adulto actuó de manera inapropiada, tu hijo necesita escuchar que lo que ocurrió no estuvo bien, que merece ser tratado con respeto y que siempre puede contarte lo que le pasa.

Y si tu hijo tuvo una conducta que justificó la corrección, también es importante reconocerlo con él, sin humillarlo ni hacerlo sentir mal, pero ayudándolo a comprender que sus acciones tienen consecuencias.

Esa conversación, aunque parezca sencilla, puede enseñarle a entender mejor lo que vive y a confiar en ti. Necesitas acompañarlo a expresar sus emociones.

Madre escuchando a su hijo después de una situación difícil

Respetar las diferentes maneras de criar

Cada familia educa a sus hijos de acuerdo con sus valores, experiencias, costumbres y circunstancias. Podemos tener opiniones distintas, pero eso no nos da derecho a cuestionar continuamente la crianza de otras personas.

Hay comentarios que parecen pequeños, pero pueden resultar invasivos:

“Ese niño necesita mano dura.”

“Lo tienes demasiado consentido.”

“Con ese corte de pelo parece otra cosa.”

A veces hay que respirar hondo para responder con educación. También es válido poner límites y decir:

“Gracias, pero esa decisión nos corresponde a nosotros.”

Ningún padre tiene el manual perfecto para criar. Todos cometemos errores y aprendemos en el camino.

Los abuelos y otros familiares pueden aportar experiencia y apoyo, pero las decisiones principales corresponden a los padres o responsables del niño.

La excepción es cuando una práctica pone en riesgo la salud, la seguridad o el bienestar emocional de un menor. Ante una situación de abuso o maltrato, no debemos mirar hacia otro lado.

Una experiencia que también viví como madre

Antes de salir de casa, yo siempre les “leía la cartilla” a mis hijos, como decimos en mi país. Les explicaba cómo debían comportarse, especialmente cuando se quedarían en casa de otra persona.

¿Y saben qué? No siempre funcionaba.

Mi hijo mayor siempre fue más inquieto, y hubo ocasiones en las que tuve que aceptar que otro adulto le llamara la atención. Lo importante para mí era que lo hiciera con respeto y sin afectar su integridad física o emocional.

La vida nos pone frente a situaciones en las que debemos equilibrar muchas cosas al mismo tiempo: el deseo de proteger a nuestros hijos, la necesidad de establecer límites y la responsabilidad de reconocer cuando se han equivocado.

El amor por un hijo puede ponernos una venda en los ojos. A todas nos puede pasar y, a veces, cuesta quitársela.

Conoce a tu hijo, reconoce sus fortalezas y también sus retos. Si sabes que necesita mayor supervisión o que le cuesta seguir algunas reglas, piensa si estás preparada para dejarlo bajo el cuidado de otra persona y aceptar que ese adulto, en algún momento, tendrá que establecer ciertos límites.

Cuando alguien regaña a nuestros hijos, no siempre debemos reaccionar de la misma manera. Todo dependerá de lo que ocurrió, de cómo habló el adulto y de si se respetó la dignidad del niño.

Lo que de verdad importa

Proteger a nuestros hijos también significa enseñarles que sus acciones tienen consecuencias, que deben respetar a los demás y que pueden ser corregidos sin ser humillados.

La clave no está solamente en decidir si otra persona puede llamarles la atención. Está en preguntarnos por qué lo hizo, cómo lo hizo y qué aprendió nuestro hijo de esa experiencia.

Porque, al final, los niños no siempre recuerdan cada detalle de lo que ocurrió, pero sí pueden recordar cómo los acompañamos después.

¿Has vivido una situación así con tu hijo? Cuéntame tu experiencia en los comentarios.

Un abrazo,

Firma de Giselle Jiménez
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Giselle Jiménez de Experiencias de la Vida

Soy Giselle Jiménez

Sobre mí

Soy pedagoga, coach familiar y autora. Comparto herramientas prácticas sobre crianza, educación y bienestar emocional para acompañarte en el camino de ser madre o padre.

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Comentarios

Esta entrada tiene 5 comentarios

  1. Bibiana

    Cuanta razón Giselle!

    Me ha gustado mucho tu post, real como la vida misma. Es verdad que somos las mejores abogadas de nuestros hijos , el instinto y el amor se apodera de nosotras ja ja

    A mi también me ha ocurrido alguna situación de las que comentas, pero lo que peor llevo de todo es que la familia; tanto la mia como la de mi pareja , juzguen y etiqueten a mi hija: que si tozuda ( cabezota), bruta, impaciente… ufff me hierve la sangre

  2. Dania

    Amiga, creo que todas hemos tenido algun tipo de experiencia similar. Y si, es verdad, nos «hierve» la sangre cuando alguien regana a nuestros hijos y mas si lo hace en la forma menos correcta. Como a Bibiana tambien me enfurece que especialmente la familia juzque a mi hija. Gracias por compartirlo, a veces pasamos por cosas asi y no sabemos como reaccionar o actuar.

    1. Giselle

      Hola!!
      Así es, la sangre hierve ja,ja,ja y más aún cuando vienen cosas negativas de la propia familia.
      Eres una gran madre, no dejes que eso te afecte.
      Un beso 🙂

  3. Carmen

    No sé cómo actuar mi esposo dise que no puede decirme o yamarles la atención Amis hijos porque es pleito seguro.
    Pero yo pienso que ese no es el problema el problema es que el cuando los quiere corregir lo hace a puros gritos y ofendiendo y eso para nada me gusta yo le digo ay maneras pero el no entiende y MEdise que yo nunca les ganó la atención pero no ES sierto yo si los regaño y los castigo pero nunca me gusta hacerlo delante de él porque el siempre se burla de ellos cuando los regaño delante de él y por eso cuando el está prefiero no regañarlos porque me saca de quicios que él se burle de mis hijos que no son sus hijos.y ya no sé cómo actuar.
    Estoy desesperada.
    Que ago.

    1. Giselle

      Hola Carmen!

      Gracias por la confianza de contarme tu problema y compartirlo también con mis seguidores.
      Leyendo tu mensaje también he sentido coraje, así que estamos en la misma linea. Ahora te diré algo y espero de verdad te haga tomar acción de inmediato.
      No quiero sonar demasiado dura contigo, pero esta situación que dices te tiene desesperada, necesitas resolverla tu urgentemente.
      Si siento coraje por la manera en que me dices tu pareja se comporta con tus hijos, pero siento tristeza y dolor por lo que viven tus niños y que su mama lo sabe y no hace por ponerle fin a eso.
      No se que otras cualidades tiene tu pareja, pero lo que si se, es que cuando somos madres la primera responsabilidad que tenemos es con nuestros hijos. Nadie sea el padre o no debe tratar a un niño de manera agresiva e irrespetuosa. La burla que se le hace a los niños desde su casa y su familia, es aun mas dañina que la que viene de fuera. Se supone que los niños en casa es donde deben ser queridos, cuidados y protegidos.
      Me perdonas pero tu eres la máxima responsable de esta situación y no estas pensando en tus hijos, la solución no es no llamarles la atención delante de tu pareja para que no se burle. Tu posición es que si esta persona no ama a tus hijos, y no los respeta no sigas siendo su pareja.
      Cuando las madres conocen lo que sucede y aun así siguen en esas relaciones dañinas para sus hijos, y los siguen exponiendo al bullying y al maltrato son responsables también de ello. Y sabes una cosa Carmen, esto es abuso infantil y le creara a tus hijos un trauma que muchas veces se lleva toda la vida.
      Me dices que no sabes como actuar y me preguntas …Que hago?
      Yo te diré de manera clara…se madre!!! Ese es el papel de las madres, guiar, cuidar, proteger, amar.
      Aléjate de ese hombre y salva a tus hijos de vivir humillación y violencia.

      Defame saber de ti por favor, busca ayuda profesional para ti y para tus hijos.

      UNETE A MI GRUPO DE WHATSAPP ..donde imparto cursos de familia, pareja y respondo directamente a dudas y preguntas de mis seguidores.

      Saludos,
      Giselle

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