Señales de autismo antes de los dos años

Nota informativa: Este artículo es orientativo y no sustituye una evaluación médica, psicológica o del desarrollo. Si tienes preocupaciones sobre el desarrollo de tu hijo, consulta con su pediatra o con un profesional especializado.

Cuando vamos a la playa, a un lago o a un lugar donde existe algún peligro, muchas veces encontramos banderas rojas. Esas banderas no están para asustarnos, sino para invitarnos a observar con más cuidado, prestar atención y tomar decisiones informadas.

En el desarrollo infantil ocurre algo parecido. También existen señales de alerta, conocidas como banderas rojas o red flags, que pueden ayudarnos a mirar con más calma ciertos aspectos del desarrollo de nuestros hijos.

Estas señales no significan automáticamente que algo grave esté ocurriendo, pero sí pueden indicarnos que vale la pena consultar, observar mejor y buscar orientación profesional.

A lo largo de mi trabajo con niños y familias, he acompañado muchas veces ese proceso: la duda, la observación, la consulta y también el alivio de saber qué está pasando y cómo ayudar. Por eso quiero compartir esta información de una manera clara, respetuosa y sin alarmar.

Informarse bien también es una forma de cuidar.

Niño pequeño jugando como parte de la observación de señales de autismo y desarrollo infantil

Qué son las señales de alerta en el desarrollo infantil

Las señales de alerta son comportamientos, habilidades o patrones que, cuando están ausentes o aparecen de una forma diferente a lo esperado para la edad del niño, pueden indicar que algo en su desarrollo merece una mirada más cuidadosa.

No son diagnósticos. No son sentencias. Son puntos de referencia que pueden ayudar a las familias y a los profesionales a decidir si conviene realizar una evaluación más detallada.

Cuando hablamos de señales de autismo antes de los dos años, nos referimos a señales que pueden observarse en áreas como la comunicación, la interacción social, el juego, la conducta, la regulación sensorial y la forma en que el niño responde a su entorno.

Qué es el autismo o TEA

El Trastorno del Espectro Autista, también conocido como TEA, es una condición del neurodesarrollo. No es una enfermedad.

El autismo puede influir en la forma en que una persona se comunica, se relaciona con otros, juega, aprende, procesa los estímulos y responde al mundo que la rodea.

Cada niño con autismo es diferente. Por eso hablamos de un espectro: porque existen muchas formas de ser, sentir, comunicarse y necesitar apoyo.

Algunos niños pueden necesitar apoyos importantes en varias áreas de su vida diaria. Otros pueden necesitar acompañamiento en aspectos más específicos, como el lenguaje, la interacción social, la regulación emocional o la sensibilidad ante ciertos estímulos.

No hay dos niños con autismo iguales, y eso es algo que siempre debemos recordar.

Una señal aislada no diagnostica autismo

Antes de continuar, quiero hacer una aclaración importante: observar una o dos señales en tu hijo no significa automáticamente que tenga autismo.

Muchas de estas conductas pueden aparecer por razones diferentes: variaciones normales del desarrollo, dificultades auditivas, retrasos en el lenguaje, diferencias sensoriales u otras necesidades del desarrollo.

Lo importante es observar el conjunto de señales, su frecuencia, su intensidad, si se mantienen en el tiempo y cómo afectan la vida diaria del niño.

Como mamá, papá o cuidador, puedes observar, hacer preguntas, anotar lo que ves y buscar información. Pero el diagnóstico siempre debe realizarlo un profesional o un equipo especializado.

Señales de autismo que pueden observarse antes de los dos años

Las siguientes señales no siempre aparecen juntas ni de la misma manera en todos los niños. Algunas pueden notarse antes del primer año; otras se hacen más evidentes entre los 12 y los 24 meses.

Lo importante no es mirar una conducta aislada, sino observar el desarrollo del niño de manera integral.

En la comunicación y el lenguaje

  • No balbucea o balbucea muy poco antes de los 12 meses.
  • No dice ninguna palabra con sentido hacia los 16 meses.
  • No combina dos palabras espontáneamente hacia los 24 meses.
  • Deja de usar palabras, gestos o formas de comunicación que antes tenía.
  • Repite sonidos, palabras o frases con frecuencia y fuera de contexto.
  • Usa poco los gestos para comunicarse, como señalar, saludar con la mano o mostrar algo que le interesa.

En la interacción social

  • No responde de forma constante cuando lo llaman por su nombre, especialmente después de los 12 meses.
  • Evita con frecuencia el contacto visual o lo usa muy poco para compartir una experiencia.
  • No suele mirar al adulto para compartir alegría, sorpresa o interés.
  • Sonríe poco en respuesta a la sonrisa o expresión de otras personas.
  • Muestra poco interés en interactuar con otros niños o adultos.
  • No imita gestos, sonidos o acciones sencillas.
  • Parece preferir jugar solo la mayor parte del tiempo.
Madre observando señales del desarrollo infantil mientras su hijo pequeño juega

En el juego

  • No participa en juegos de imitación o juego simbólico hacia los 18 o 24 meses, como dar de comer a un muñeco, hablar por teléfono de juguete o hacer como si cocinara.
  • Tiene juegos muy repetitivos, como alinear objetos, ordenar piezas siempre del mismo modo o girar ruedas una y otra vez.
  • Explora los objetos de una forma poco habitual, como mirarlos desde ángulos específicos, girarlos repetidamente o fijarse solo en una parte del juguete.
  • Le cuesta cambiar de actividad o aceptar una forma diferente de jugar.

En la conducta y la regulación sensorial

  • Se altera mucho cuando cambia una rutina o cuando algo no ocurre como esperaba.
  • Hace movimientos repetitivos con su cuerpo, como aletear las manos, balancearse o girar sobre sí mismo.
  • Tiene reacciones muy intensas ante ciertos sonidos, luces, texturas, olores o lugares.
  • Parece no registrar algunos estímulos que otros niños sí perciben.
  • Se frustra con facilidad ante cambios pequeños o situaciones inesperadas.
  • En algunos casos, puede golpearse, morderse o hacerse daño cuando está muy frustrado o sobreestimulado.

Una señal que siempre merece consulta

La pérdida de habilidades que el niño ya tenía adquiridas merece atención sin demora.

Por ejemplo:

  • Deja de decir palabras que antes usaba.
  • Deja de responder a su nombre.
  • Pierde contacto visual que antes tenía.
  • Deja de interactuar como lo hacía antes.
  • Pierde gestos, juegos o formas de comunicación que ya había desarrollado.

Si notas una pérdida de habilidades, lo recomendable es consultar con el pediatra sin esperar a la próxima visita de rutina.

Qué hacer si observo estas señales

Primero: respira.

Observar una señal no significa tener un diagnóstico. Pero si algo te preocupa, tampoco conviene quedarte esperando indefinidamente.

Estas son algunas acciones que pueden ayudarte:

Anota lo que observas

Escribe qué conductas has notado, desde cuándo ocurren, en qué situaciones aparecen y con qué frecuencia. Esta información puede ser muy valiosa para el pediatra o para el profesional que evalúe a tu hijo.

Habla con el pediatra

Comparte tus preocupaciones con sinceridad. No tengas miedo de decir lo que estás observando. A veces los padres dudan porque no quieren parecer exagerados, pero la información que aporta la familia es fundamental.

Solicita una evaluación del desarrollo si es necesario

Si el pediatra lo considera pertinente, puede referirte a una evaluación más completa. Dependiendo del caso, pueden intervenir profesionales como un pediatra del desarrollo, neuropediatra, psicólogo infantil, terapeuta del lenguaje, terapeuta ocupacional o un equipo de atención temprana.

No esperes a ver si se le pasa solo

Hay niños que efectivamente maduran a ritmos diferentes, pero cuando varias señales se mantienen en el tiempo, lo más prudente es consultar.

Buscar ayuda temprano no significa etiquetar a un niño. Significa conocer mejor sus necesidades para acompañarlo de una manera más adecuada.

¿Por qué la evaluación profesional es importante?

Detectar señales de alerta antes de los dos años no se trata de buscar diagnósticos apresurados. Se trata de asegurarnos de que cada niño reciba el apoyo que necesita en el momento en que más puede beneficiarse de ese acompañamiento.

Una evaluación profesional puede ayudar a aclarar qué está ocurriendo, qué áreas necesitan apoyo y qué pasos conviene seguir.

Si el resultado indica que el niño está dentro del espectro autista, la familia puede acceder a orientación, recursos y servicios que ayuden a comprenderlo y acompañarlo mejor.

Y si la evaluación indica que no hay autismo, también habrás hecho algo importante: atender una preocupación, descartar dudas y mirar el desarrollo de tu hijo con más claridad.

En cualquier caso, consultar a tiempo es una forma de cuidar.

La importancia de la atención temprana

La atención temprana puede marcar una gran diferencia en la vida de un niño y su familia.

No porque el niño necesite ser cambiado, sino porque puede beneficiarse de apoyos adecuados cuando sus necesidades se identifican a tiempo.

Un niño que recibe apoyo en su comunicación, en su regulación emocional, en su juego, en su interacción social o en su desarrollo sensorial puede tener más oportunidades para avanzar, expresarse y participar mejor en su entorno.

También la familia recibe algo muy valioso: orientación, herramientas y acompañamiento para comprender mejor lo que el niño necesita.

Un cierre desde el corazón

A lo largo de los años he tenido la oportunidad de acompañar a niños con autismo y a sus familias. Ha sido una de las experiencias más hermosas y enriquecedoras de mi camino como educadora.

Cada niño me ha enseñado algo. Me ha recordado que detrás de cada señal, de cada evaluación y de cada preocupación, hay una historia única, una familia que ama profundamente y un niño que merece ser mirado con respeto, paciencia y atención genuina.

También he acompañado a madres y padres que llegan con ese nudo en el pecho, sin saber si están exagerando o si deberían buscar ayuda.

A ellos, y a ti si estás en ese lugar ahora mismo, quiero decirte algo con mucha calma: confía en tu intuición.

Observar no es alarmarse.

Preguntar no es exagerar.

Consultar a tiempo no es poner una etiqueta.

Es amar con los ojos abiertos.

Si este artículo te ha sido útil, si tienes preguntas o si quieres compartir tu experiencia, puedes escribirme. Me encantará leerte.

experienciasdelavd@gmail.com

Un abrazo.

Fuentes de referencia consultadas

Centers for Disease Control and Prevention: Signs and Symptoms of Autism Spectrum Disorder.

Firma de Giselle Jiménez
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Giselle Jiménez de Experiencias de la Vida

Soy Giselle Jiménez

Sobre mí

Soy pedagoga, coach familiar y autora. Comparto herramientas prácticas sobre crianza, educación y bienestar emocional para acompañarte en el camino de ser madre o padre.

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Comentarios

Esta entrada tiene 2 comentarios

  1. Ania Almaguel

    Muy interesante todo lo q he podido leer hasta ahora . Gracias por compartir algo tan interesante q es vital para la crianza de nuestros hijos … felicitaciones Gisse

    1. gisellej

      Gracias a ti por visitar mi sitio.

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